Arnoldo Corrales, un ícono en la locución en Los Mochis

arnoldo2Más de medio siglo llevando alegría y música a los radioescuchas, no puede vivir estando fuera de una cabina de transmisión, asegura     

La primera estación de radio nacida en Los Mochis fue XECF, “La voz del Valle del Fuerte”, hoy conocida como “La Mexicana” la cual fue inaugurada en 1940 por Francisco Pérez Alvarado, y la segunda fue XECU, La Rancherita, que ha producido un fenómeno radiofónico y humano el cual no puede pasar desapercibido por nadie, sea competidor o no.

Ese fenómeno se llama Arnoldo Corrales Bazúa, quien hace más de medio siglo inició su carrera de locutor en la XECU y ahí sigue trabajando todavía.

Hay dos cosas notables de este profesional de la radio: una es la conciencia de su amor por la radio misma y por su auditorio al que respeta profundamente y, la otra, que lo convierte en una entidad aparte, es su inscripción innegable en la historia hablada de su entorno.
La participación notablemente activa de sus radioescuchas siempre es altamente motivada y notablemente afectiva: No se puede evitar contagiarse con esta creación del ambiente emotivo de sus programas.

Pero lo más significativo es la capacidad de Arnoldo Corrales para reconstruir, en la imaginación de los radioescuchas, a una ciudad y una región ya inexistentes hoy en día, vuelta a nacer en el alma y la mente de la gente que lo escucha hablar y que puede oír la música popular de aquella época.
En una entrevista exclusiva, el popular profesional del micrófono habla de sus experiencias, que son vastas, y su aprendizaje a lo largo de esas más de cinco décadas que lo han convertido en un ícono de la locución en Los Mochis.

Una de sus preocupaciones es el lenguaje que se utiliza al estar frente a un micrófono, “porque puedes decir algo mal y la gente lo puede aprender mal, los niños sobre todo; tienes que defender el lenguaje y darle buena proporción, y cuando cuentas chiste o hablas coloquialmente, tienes que darle el sentido de manera que la gente sepa que estás bromeando, que hay palabra mal pronunciada que es parte del chiste o parte coloquial”.

Dijo que aunque la radio es sinónimo de rapidez, compromete, pero el locutor no se compromete con el auditorio, sino consigo mismo.

El locutor tiene que ser disciplinado, con metas que seguir todos los días, innovando, contando chistes que no hieran, que no sea peyorativo pero que  haga reir a la gente, contando una anécdota, un comentario de algún personaje, que hay tantos en todo lugar, hablar de alguna familia de buena manera, contar cómo se llenaban las calles antes, qué árbol se ha caído, cómo se ha perdido fisonomía del Mochis viejo, cómo se han perdido pinares, ceibas, cómo hemos perdido tanta historia, gran parte de la colonia americana, por ejemplo, señala.

“Hemos perdido también, y a punto, el ingenio azucarero, junto con el legendario cerro de la Memoria. Falta que lo perdamos. Esperamos que no lo muevan. Ya se dijo alguna vez que habían vendido el Cerro de la Memoria”, recordó.

En el diario vivir del radio, el locutor es un personaje muy importante, no por sí mismo, sino que tiene oportunidad de estar frente a un micrófono, de orientar, aconsejar, alegrar, entretener, de mandar mensajes oportunos de alerta… el locutor es una persona que tiene que estar inmiscuida con la sociedad de manera total, disponible en todo momento y adoptar el papel que le corresponde cuando tenga que decir un chiste, contar un cuento, pasar comercial, dar noticias, un pésame o esquela. Entonces, tiene que ser un personaje versátil y para eso recomienda a compañeros jóvenes que hay que leer mucho, es tan importante, y como que la gente no lo cree, prosiguió.

Dijo al entrevistador que “ustedes que trabajan en los medios, deben de sentir responsabilidad grande y, por qué no decirlo, el miedo a errar todos los tenemos. Es mentira quien dice no lo siente, el miedo es bueno, te alerta, te prende el cerebro, lo pone a trabajar, y eso acicatea, impulsa, hace que impulse a que penetres más en la lectura, porque ese miedo que sientes que a veces le llaman nerviosismo, estrés, o angustia, es el alerta que debe estar prendida siempre, porque se puede errar en un dedo o letra, y por escribir algo se escribe otro, y nosotros, también, dicen que el que tiene boca se equivoca”.

MOTIVACIÓN

Permanecer durante tanto tiempo en el ánimo del radioescucha y continuar con creciente perseverancia lo atribuye a varias razones.

Entre ellas, indica, es que ama la música y el contacto con la gente y el hecho que en la calle le gritan frases que utiliza durante su trabajo. “Eso quiere decir que la gente me escucha; me traen gallinas, panela, chorizo, un poema, un libro, canciones, que me han hecho varias, todo eso y el contacto con la gente.”

Incluso, aseguró que cuando se incapacita o vacaciona, la gente lo extraña. Cuando vuelve a cabina le llaman diciendo que estaban preocupados Creían que no iban a volver. Entones dice seré tan importante, tendré tanta importancia, seré parte de esa gente que ya se convirtió en mi familia, de alguien que quiere escuchar cómo presento una canción, cómo la critico. “También soy crítico pero constructivo, sin afán de ofender o hacer sentir mal a alguien. Orientar, pues”.

“Cuando siento todo ese cariño de la gente, cuando salgo de turno y veo personas que me esperan afuera para conocerme, tantas invitaciones a comer o tomar un café, o gente que me quiere conocer en casa, todo eso me hace venir todos los días a trabajar, a veces ronco, con fiebre, dolor de estómago, con dolencias que ya empiezan a acercársete cuando pasas los 70 años, pero todo se olvida cuando entras a cabina y abres el micrófono. Y dices buenos días. Yo nunca digo igual mi entrada al micrófono. Les hablo como tontito,  pero voy a tener que variar porque me amenazan con correrme porque todo el tiempo con las mismas palabras, como norteño, como viejito, para romper el hielo”.

Mucha gente le habla por teléfono para decir que ya llegó con sus locuras, loqueras o zuatadas, porque dice rancheras de a deveras, dichos, dicharachos gracejadas…

“Todo ese cariño, todo ese contacto, vivir más tiempo aquí que en mi casa, me ha convertido parte de la tornamesa, la consoleta, el micrófono. Cuando salgo de vacaciones, que son largas, me enfado, me enfermo, me pongo triste, y no lo quiero dar a conocer, porque según me divierto en la calle con la gente. Pero el micrófono me manda mensajes, me acuesto y el micrófono se acerca a mi corazón, a mi oído y me dice Arnoldo te estoy esperando en cabina, no viniste ahora, ¿vas a venir mañana?”, refiere en tono melancólico.

Señala que hay locutores que tienen muchos años en la radio, pero hasta el momento, él sigue vigente, activo, en cabina, con plaza del STIRT. “Creo que soy el último de los mohicanos”.

HOMBRE DE FAMILIA

Arnoldo Corrales se califica como un hombre de familia, como todos los esposos y todos los padres, a veces un poquito regañón. “Me dicen mis hijos que soy muy exigente, pero siempre riéndome, platicando con ellos, muy perfeccionista aunque nadie somos perfectos, solo uno que lo fue y lo crucificaron. Soy pacífico, nervioso, me preocupo por todo, me desespero cuando veo a alguien que está haciendo mal las cosas, y me desespero más cuando siento que estoy en cabina y no hago bien las cosas. Soy persona que todos los días me levanto, rezo, me tomo un jugo, me despido de mi familia, les doy el beso, me persigno, me encomiendo a Dios y rezo en la calle por la paz del mundo, y cuando llego al micrófono me dijo no me vaya a equivocar y me permita Dios a dejar de criticar de manera peyorativa y me permita alejarme de criticar de manera peyorativa y que me permita también saber orientar y conducirme a mi mismo primero. Para poder conducir un programa, me encomiendo a Dios y llego siempre con las ganas de dibujar una sonrisa en los rostros de quienes me escuchan, y claro soy una persona con muchos defectos, como todo ser humano, pero amo mi trabajo, me divierto haciéndolo. Y, además me pagan por hacerlo”.

Dijo recordar las palabras de Facundo Cabral, que señalan que hay que hacer lo que nos gusta porque aquel que trabaja en lo que no le gusta aunque lo haga las 24 horas, es un desocupado.

“A mí me encanta mi trabajo”, exclama.

“Es un nuevo empezar todos los días, con nerviosismo a pesar de tantos años, que ya pesan, son 55. Empecé un 11 de junio de 1960, a cubrir mis primeros turnos en la XECU, con el mismo nerviosismo, preocupación, saber qué le voy a decir la gente, que saco para hoy, y resulta que cuando entro a cabina la gente que me escucha me ayuda a hacer el programa. Entran llamadas, interactuamos, y a veces pienso en tema y lo hago a un lado y me sumerjo en lo que dice la gente y se arma el programa, ya sea Las viejas de Arnoldo, que es el más joven, con 25 años, Las rancheras de a deveras, que anda por los 33 años, y la Hora de la tambora y Los Alegres de Terán que anda por los 43 años, y todos esos y muchos programas que a lo largo de mi carrera he ideado y mandado al aire. Es bonito”, expresa.

Asienta que le gusta mucho lo que hace, pensando en el retiro pero a la vez no le pone mucho interés a eso, trata que se le olvide que algún día tendrá que irse, “porque tenemos que dejar el camino a la nueva savia de la radio, muchachos que vienen con mucha preparación, que fueron a la universidad, estudiando la carrera de comunicación. Nosotros empezamos de manera más rústica, yo llegué a la radio cantando en un radio de aficionados, canté dos años, gané un primer lugar en un programa Buscando Estrellas con José ‘Chitole’ Torres, y me quedé cantando, haciendo comerciales, ayudándole a locutores, y me animaron que por qué no le entraba al radio y no quería, porque en aquella época, 60 y 50, puras voces bonitas, de categoría, y yo conociendo las capacidades de mi garganta, tengo la voz de pito, débil, no impostada, gruesa, como todos los que están al aire”.

Le dijeron: “Pero tu puedes explotar otra vena, la cómica, otro cariz, cómo llegarle a la gente. Claro que no vas a poder hablar como Evaristo Fregoso, Chitole Torres, Camilo Robles y Valdez, aquellos grandes, las voces de don Octavio Ibarra, Traslaviña, Víctor Gutiérrez, tantos locutores, todos de voz muy bonita, Manuel Bojórquez. Total, me fueron animando a que pidiera permiso al dueño de la radio, don Luis Pérez Gómez, jalisciense, que en gloria esté, con miedo y todo le pedí a practicar en una cabina, y me dijo que si considera que puedes ser, le dije no, pero si me ayudan si, se que no tengo voz bonita, pero denme oportunidad y si ve que puedo desarrollar algo”.

Le impusieron una condición: “Mira Piporrito, lo imitaba, te voy a dar oportunidad que practiques 15 minutos diarios a las seis de la mañana en el programa México y sus canciones, con Víctor Manuel González, pero te vas a tener que ir a la escuela, hacer Servicio Militar, para juntar papeles y tramitar papeles de práctica, tenía 17 años. Y además tuve un maestro fabuloso porque Víctor Manuel Gutiérrez González era de Mazatlán y se fue de Los Mochis porque un hermano puso una estación en La Paz, y casualidades o causalidades, Víctor busca como irse a La Paz, se incapacitó tres días y me dejaron como practicante que cubriera los turnos, y se fueron hasta 12, lo que Víctor quería era irse, y me dejaron la cabina en lo que llegaba un locutor de Culiacán. Hace 55 años y lo estamos esperando todavía. Pero cuando alguien llegaba bien vestido me decía voy para afuera”.

Tuvo buena suerte. Terminó su primaria, la secundaria nocturna, tomó clases con profesores que lo querían mucho, todos particulares. Acudió a México continuamente a realizar cursos. “Luego, la bonhomía de mis compañeros de labores de aquellos tiempos, nunca tuvieron egoísmos, me enseñaron los secretos de la radio, hablo de los 60, cuando llegué a cabina, cuando estaban los programas Rio Fuerte canta, México y sus canciones, Discoteca a sus órdenes, el programa de los Tariácuri, El gallo en Sinaloa, Sobremesa musical, las estaciones tocaban todo tipo de música, no tenían un solo perfil, de todo, veracruzana, boleros, clásica. Hoy hay programas definidos”.

Su paso por la radio, que aún no termina, es un camino muy largo en el que ha batallado y en el que ha vivido de manera mágica, porque permite estar en muchos lugares al mismo tiempo, como el don de la ubicuidad de los grandes santos, proporciones guardadas.

Ese es Arnoldo Corrales Bazúa, una figura icónica en la locución de la ciudad de Los Mochis.